domingo, 1 de mayo de 2011

El poder de la mente

Sin que nos demos cuenta existe algo que nos manipula, que no nos deja pensar, que nos bloquea completamente en situaciones de estrés. Algo que te dice: por aquí no vas bien, o que te intenta mandar señales de que lo que estás haciendo no es correcto. Algo que cuando se enfada mucho mucho, puede estallar y pasarte factura. Efectivamente, hablo de la mente, ese gran desconocido.
Muchos han sido los filósofos que han intentado estudiar el comportamiento de la mente y su relación con el mundo material. Ya sea Descartes, Aristóteles, Russell, Bergson o Serle dando diferentes versiones a esa unión mente-cuerpo. No me voy a dedicar estudiarlas porque no tengo los conocimientos filosóficos suficientes como para hablar de conceptos como el monismo o el dualismo, pero sí intentaré acercarme, muy superficialmente a la maldita actuación psicológica.
Y es que pasa, que a veces, la mente trata de darte señales, que puede que tu corazón no quiera,
o incluso otra parte de tu mente tampoco, pero que las tienes que seguir, sí o sí, porque no te queda otra. Es como en China, que los pobres están sumisos a una dictadura, que ellos la ven, que ven que no es democracia, y aún así, siguen cabeza gacha, intentando que eso cambie pero sin poder hacer nada, porque el poder (de la mente, volviendo a la realidad) es más que el propio control sobre ella.
¿Podemos así controlar a la mente? Sinceramente no lo sé. Me gustaría, y mucho poder decirla: hasta aquí has llegado, jovencita, no te voy a dejar seguir... ¡Deja de meterte en mi cuerpo!
Pero es imposible o improbable encontrar el suficiente poder como para decir: ¡Basta! Porque alguien que pueda controlar a su mente y modificar sus pensamientos a su antojo, quizás sea ese alguien con personalidad perfecta, alguien que tiene claro las cosas en su vida, alguien que, obviamente, no es un adolescente.
¿Entonces, qué hacemos con la mente?, ¿cómo podemos convivir con ella? Adaptándote como puedas. Permitiéndola hacer algunas cosas y poniendo la fuerza de voluntad suficiente para decir "no" a algunas otras. Y esto no es tan fácil, y algunos sólo llegan al control
mental a cierto nivel, y otros incluso se vuelven locos en el intento. Pero, aún así, tenemos que hacerlo, porque es ley de vida decir: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿por qué ahora he actuado así? ¿qué vendrá después? Nadie lo sabe, más que la propia mente.
Por eso, si veis que estáis haciendo algo que no sabéis por qué lo hacéis, algo que a lo mejor no queréis en un principio, ya sabéis quién es la responsable.
¿Y qué hay del enfrentamiento mente-corazón, algo así como razón-sentimiento? Pues bien, la verdad es que por mucho que diga el sentimiento, la razón te puede. Intento ser lo más imparcial posible, pero la verdad, es que siendo vulgares, jode bastante lo que las putas rayadas mentales te hacen hacer a pesar de lo que dicta tu corazón. Y vale, que a lo mejor es lo correcto, o a lo mejor no, no lo sé. Pero lo hecho, hecho está.
No quiero sacar temas propios, así que volvamos al tema mente-corazón. El ganador, en casi todos los casos, a no ser que sea el hombre más pasional del mundo, será la razón. ¡Cachis!
¿Y qué hay de los famosos arrebatos? No son más que pequeñas escapadas del corazón frente a la razón.
Y con esto, me despido, que mi mente me bloquea para no poder escribir más y que no delate lo perra que es.
Juan Chú Zrí.

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